La verdad, poco más
que un montón
de mañanas calientes.
Que destrozan con
ganas de juegos,
los modos de hablar.
Saben más por desastre
mis sueños,
que por caracolas.
Las pequeñas verdades
que un ojo,
no puede observar.
No he sabido
quererte ni un poco,
ni darte mi sombra.
No he tenido
cojones de oso,
para abandonar.
Y la luna que te regalé,
se ha quedado pequeña.
Ahora solo te miro los ojos,
si visito el mar.
He perdido
el tren bochornoso,
donde me hospedaba.
Donde todos
los días las putas,
vienen a cobrar.
No he perdido
mi cámara réflex,
entre tus mañanas.
La empeñé para
darme la vuelta,
como un huracán.
Y ahora que me río
de mi sombra..
Ya no te hecho de menos
como el pan.
La luna pequeñita
de mis juegos.
Es un planeta enorme,
sin un mar.